Historia, ¿Sabías que...? — 16 Abril, 2017 at 18:15

La verdadera historia de Kathrine Switzer

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Switzer, la mujer que lo empezó todo

Las mujeres entraron en la maratón gracias a la figura de la estadounidense Kathrine Switzer, tras su ‘clandestina’ participación en la Maratón de Boston de 1967. Hasta entonces, la mítica distancia estaba vetada al sexo femenino y los organizadores esgrimían razones de debilidad y peligrosidad para no aceptar su participación.

Pero este hecho, que rompió barreras, pudo pasar desapercibido si no se hubiera producido un incidente que tuvo repercusión mundial y que condujo a un cambio social global en positivo. Y es que, gracias a ella, millones de mujeres se ganaron el derecho de correr en un evento que durante 70 años fue exclusivo para hombres.

Con los años, muchas fuentes de información, internet y libros pobremente investigados han distorsionado la historia, y es importante contar los hechos con precisión. Por ello, es la propia Kathrine Switzer, en su libro Marathon Woman, quien nos narra en primera persona todo lo que ocurrió, antes y durante aquella famosa carrera.

El comienzo

…Con 19 años inicié mis estudios de periodismo en la Universidad de Syracusa en Nueva York.

Puesto que allí no había equipo de atletismo femenino, empecé a entrenar con el equipo de cross masculino dirigido por Arnie Briggs.

Arnie era en realidad el cartero de la universidad, pero con 50 años y con 15 maratones de Boston en sus piernas tenía la suficiente experiencia como para ejercer de entrenador. Emocionado, al ver a una mujer en el equipo, me tomó bajo su protección durante mi formación y comenzamos los entrenamientos.

Cada noche recorríamos varias millas por los alrededores de la Universidad, algunas veces envueltos en tormentas de nieve. Mientras lo hacíamos, Arnie nos engatusaba contándonos historias de la Maratón de Boston, para hacernos menos duros los entrenamientos en noches como aquella. Me encantaba oír sus historias, pero a mediados de diciembre de 1966, mientras corríamos, tuve una terrible discusión con él. Esa noche me solté y le dije:

¡Dejemos de hablar de la maratón de Boston y hagámosla!

 Las mujeres no pueden correr la maratón de Boston, replicó Arnie.

– ¿Por qué no? ¡Estoy corriendo 10 millas todas las noches!

Arnie insistía en que la distancia era demasiado larga para las mujeres y explotó cuando le dije que Roberta Gibb había terminado la carrera el año anterior.

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Roberta Gibb entrando en meta, sin dorsal, en la Maratón de Boston de 1966.

– ¡Ninguna mujer corrió la maratón de Boston!, gritó

– Si alguna mujer la hubiera hecho, tú también podrías, pero tendrías que demostrármelo a mí.

– Si realizas la distancia en entrenamientos, yo seré el primero en llevarte a Boston, agregó.

Le sonreí y me dije a mi misma:- Lo conseguí; tengo un entrenador, un compañero de entrenamiento, un plan y una meta: la carrera más importante del mundo en Boston.

El entrenamiento

…Tres semanas antes de la maratón, Arnie y yo hicimos nuestro primer ensayo sobre 26 millas. A medida que llegábamos a la recta final me sentía mejor, así que le sugerí que hiciésemos otra vuelta sólo para tener más confianza de cara a la carrera. Arnie aceptó, a regañadientes, y continuamos 5 millas más. Llegando a la milla 31 todo comenzó a tornase gris y cuando terminamos lo abracé con tanta efusividad que se desmayó.

Al día siguiente, Arnie cumplió su promesa y vino a la residencia de estudiantes para que me inscribiera en la carrera. Para él estaba mal participar sin registrarse y, además, podría tener serios problemas con la Unión Atlética Amateur.

La inscripción

…Nos registramos en el libro de reglas y en el formulario no había ninguna referencia sobre el sexo de los participantes. Anoté mi número de licencia federativa, pagué tres dólares en efectivo como registro de entrada, firmé como siempre, KV Switzer, y me fui a la enfermería universitaria para obtener un certificado de aptitud. (A diferencia de hoy, la maratón no requería tiempos de calificación). Firmando de esta forma obviamente, cuando recibieran la inscripción, no podrían decir que era una mujer.

Arnie consiguió los billetes para el viaje y envió por correo nuestros registros. Dos semanas más tarde se inscribieron mi novio, Tom Miller, ex jugador de fútbol americano y lanzador de martillo, y John Leonard, del equipo de campo a través de la universidad. En general formamos un formidable equipo, listo para afrontar la maratón.

La carrera

…Allí estábamos los cuatro dispuestos a correr la maratón de Boston. Fue muy emocionante verme en la línea de salida rodeada de atletas masculinos. Por fin, sonó el pistoletazo de salida y comenzamos todos juntos y a buen ritmo. Cuando otros corredores nos pasaban decían: –¡Oh, es una chica!; y Arnie decía con orgullo: –Sí, la entreno yo.

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De repente vi a una camioneta de prensa que se puso a nuestra altura y escuché a los fotógrafos decir: “Más despacio, más despacio”, mientras nos hacían fotos. En ella también viajaban los directores de la carrera; uno de ellos era el temperamental y combativo Jock Semple. De pronto, Semple detuvo el camión, saltó y corrió detrás de mí. Me volví hacia él y me agarró del brazo izquierdo mientras gritaba:

– ¡Lárgate de mi carrera y dame ese dorsal!

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Secuencia del incidente.

Ese hombre tenía el rostro más feroz que yo había visto nunca, realmente estaba fuera de control. Yo estaba aterrorizada y de repente mi novio, Tom, le dio un empujón de costado que le hizo volar.

Entonces los periodistas se pusieron muy agresivos y comenzaron a preguntarme, que qué trataba de demostrar. Yo les decía que sólo estaba tratando correr, que me había entrenado en serio para la distancia y que no iba a abandonar. Finalmente se fueron, y todo volvió a la normalidad.

Continuamos la marcha. La nieve caía, nadie decía nada. Miré a Arnie y le dije:

 Arnie, creo que te he metido en un gran lío. No sé cuál es tu postura en esto, pero yo voy a terminar esta carrera sobre mis manos y mis rodillas si hace falta, porque nadie cree que sea capaz de hacer esto; y si no la termino, todos van a creer que las mujeres no podemos hacerlo, que no merecemos estar aquí, que no somos capaces. Decididamente tengo que terminar esta carrera.

 Bueno, lo primero es reducir la velocidad. Olvídate de lo ocurrido y céntrate sólo en poder terminarla, dijo Arnie.

Tom y yo bajamos el ritmo y estrechamos nuestras manos. Mi mano izquierda estaba mojada y congelada tras perder el guante en el incidente. Tiré de la manga de mi sudadera para cubrir mi mano, pero no era lo suficientemente larga.

Finalmente, acabé la carrera en 4 horas y 20 minutos.

El legado

Una de las numerosas fotos captadas del incidente dio la vuelta al mundo y se convirtió en icono, tras aparecer en la revista Time-Life, como una de “Las 100 fotos que cambiaron el mundo”.

Kathrine Switzer hizo campaña con ella, apelando a la que las mujeres pudieran participaran de forma oficial en la maratón de Boston de 1972. Finalmente lo consiguió, convirtiéndose en la primera carrera en ruta en la que participaron mujeres, de forma oficial.

Switzer junto a otras participantes de la Maratón de Boston de 1972. Fotografía: Bettmann/CORBIS.

Switzer corrió 39 maratones más, venciendo en la Maratón de Nueva York de 1974 y consiguiendo su mejor marca personal en 1975, tras terminar segunda en Boston, con una marca de 2h:51:33.

En 1978, puso todas sus energías en la creación del Avon Run, un circuito internacional sólo para mujeres que, con el tiempo, llegó a 27 países, con más de un millón de participantes. Esa enorme participación y las grandes marcas conseguidas, convencieron a gran parte del COI para incluir la maratón femenina en los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 1984.

Aunque ya retirada de las competiciones, el pasado fin de semana se volvió a ser protagonista tras colgarse de nuevo el dorsal en Boston para celebrar los 50 años de su primera maratón.

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