Atletas de leyenda, Historia — 2 febrero, 2012 at 14:00

Emil Zatopek: la locomotora humana

by

Emil Zatopek (Koprivnice, 19 de septiembre 1922 – Praga, 22 de noviembre 2000)

“Si quieres ganar, corre los cien metros; si quieres experimentar la vida, corre maratones”

Emil Zatopek (sic)

Esta frase resume perfectamente la filosofía del, para la mayoría, mejor fondista de todos los tiempos.

La forma de correr de Emil Zatopek nunca fue muy ortodoxa, daba la sensación de que iba al límite y que en cualquier momento se iba a desplomar del esfuerzo. Corría haciendo pivotar violentamente los brazos a través de su torso torcido, mientras que un rictus desfiguraba el rostro. Con la boca abierta, deformada por el esfuerzo, parecía buscar con desesperación el oxígeno perdido. La imagen de Zatopek era la de un hombre en agonía, corriendo con la mirada puesta en los cielos esperando una mano misericordiosa.

Pero, bajo ese estilo agónico se escondía una máquina de devorar kilómetros a una velocidad sobrehumana, que le valió para conseguir el triple éxito más asombroso de la historia del atletismo y de los Juegos Olímpicos: cuatro oros olímpicos, una plata, 28 récords mundiales batidos en nueve especialidades distintas y seis años invicto. Por todo ello se le conoce como ‘La locomotora humana’.

Zatopek fue especialista en pruebas de fondo. Destacó, principalmente, por la fuerza explosiva de sus piernas y por la resistencia de sus pulmones. Su forma de correr siempre se basó en la firmeza de su ritmo, el cual potenció con entrenamientos de distancias pequeñas para aumentar su velocidad. Aun así, su técnica no estaba muy depurada. De hecho, él mismo lo reconocía: “Mi estilo está muy lejos de los grandes atletas”. Pero lo que le hacía grande era su dedicación, ya que entrenaba durante todo el año, llegando a acumular unos 800 kilómetros al mes y 1.000 horas de entrenamientos anuales.

Lo curioso es, que este checo se inició en el atletismo casi sin querer. La fábrica de calzado donde trabajaba, organizaba una carrera anual en la que, como empleado, le medio obligaron a participar. Corrió a regañadientes y acabó segundo, lo que le motivó para intentarlo. Saltó al primer plano del atletismo internacional en el Europeo de 1946 en Oslo, donde fue quinto en los 5.000 metros. Con ese cartel, importante pero aún lejos de las principales figuras, se presentó en Londres dos años después.

Allí comenzó no todo lo bien que hubiese querido en sus primeros Juegos, puesto que fue batido en los 5.000 metros por el belga Gastón Reiff por sólo dos décimas. Sin embargo, se sacó la espina con la medalla de oro en 10.000 metros con un nuevo récord olímpico (29:59.6), batiendo en 48 segundos al francés Alain Mimoun, su eterno rival y amigo. Con este espectacular resultado dejó con la boca abierta al público del estadio, ya que no se había visto nunca una superioridad tan abrumadora en una prueba tan larga. Había un nuevo héroe sobre la pista, un honor vacante desde la época de Paavo Nurmi.

Tras los Juegos de Londres, la figura de Zatopek se fue haciendo cada vez más grande, y en cuatro años fue capaz de batir en cinco ocasiones el récord mundial de los 10.000 metros, una vez el de las diez millas, dos el de los 20 kilómetros, otras dos el de la hora y una el de los 30 kilómetros.

Así se plantó en sus segundos Juegos, los de Helsinki 1952, y no sólo no defraudó, sino que se superó a sí mismo. Primero ganó los 5.000, prueba que se le resistió en Londres, por apenas un segundo sobre Mimoun y estableciendo un nuevo récord del mundo (14:06.6) en una de las conocidas como ‘carrera del siglo’. Y más tarde revalidó el título de los 10.000 con 15 segundos de ventaja sobre el mismo rival y otro récord mundial (29:17.0). Con este doblete igualaba la proeza de Kolehmainen, el único que hasta la fecha lo había logrado en 1912. Sin embargo, Emil no se quiso quedar ahí. Prefirió agrandar su leyenda corriendo la maratón. Y lo logró porque, a pesar de correrla por primera vez, consiguió la victoria con récord olímpico (2h23:03).

Este triplete (5.000, 10.000 y maratón) no ha vuelto a ser igualado por nadie hasta la fecha. Al finalizar la carrera no quedó muy satisfecho con la maratón, de la que llegó a decir que era “una carrera muy aburrida”. Pese a todo, repitió cuatro años después en los Juegos de Melbourne 1956, pero su edad (34 años) y una hernia le impidieron lograr otro éxito. Acabó sexto, viendo como Mimoun sí ganaba esta vez y lo felicitó con alegría. Dos años después, en 1958, se despedía del atletismo en nuestro país, en el Cross Internacional de Lasarte.

Emil Zatopek Cross de Lasarte 1958

Sus éxitos le hicieron pasar de ser un simple soldado del ejército checoslovaco a coronel. Era y es considerado por su pueblo como un héroe nacional. Sin embargo, cayó en la miseria cuando en 1968 apoyó al político Alexander Dubcek ante la invasión soviética, siendo degradado hasta acabar de barrendero para poder sobrevivir. Las presiones de sus compatriotas, que seguían adorándole, acabaron dando sus frutos y, en 1975 se le devolvió parte de su reconocimiento, del que pudo disfrutar hasta su muerte el 22 de noviembre de 2000 a consecuencia de un derrame cerebral.

One Comment

  1. Pingback: Correr, el libro acerca de Zátopek

Leave a Comment

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *